Hoy he leído algo muy interesante sobre por qué muchos adultos necesitan la necesidad de aprobación de los demás para sentirse seguros. Lo veo a mi alrededor en muchas personas y es algo que siempre me ha llamado la atención porque no entiendo por qué para unos es tan importante y por qué para otros no.
Pues bien… hoy he leído algo que me hace entender de dónde viene todo esto. Y lo más gracioso, lo he cotejado con personas muy dependientes y me han dicho que sí, que efectivamente en sus casos así fue. ¡Yo debí tener una madre que me dejó elegir siempre! Imagino que al ser madre trabajadora y pasar menos tiempo conmigo hacía que yo tuviera más capacidad de decisión desde edad muy temprana.
Los primeros mensajes de búsqueda de aprobación vienen de nuestra infancia. ¿Cuántas veces te han dicho que te pongas lo que quieras de ropa y al combinar los lunares con las rayas te han dicho que eso no? ¿Cuántas veces miraste a tu madre antes de decirle que sí a quien te ofrecía un caramelo? ¿Cuántas veces te estabas vistiendo y tu madre venía y a tu “puedo hacerlo sola” te contestaba “ya, pero tengo prisa, no puedo esperar a que lo hagas”?
Es curioso cómo el núcleo familiar fomenta la dependencia y la necesidad de aprobación de los niños.
Pero no se acaba ahí. ¿Y en la enseñanza? ¿Dejaban algo libre a la creatividad o el ser uno mismo? Dibuja así. El papel se dobla así. Parece que en lugar de enseñarnos a pensar por nosotros mismos nos enseñaban a no pensar por nosotros mismos. No es lo mismo decir “una sirena se dibuja así” que “dibuja una sirena”. Esto, a la llegada de la secundaria, no ayuda. ¿Cómo elegir qué nos gustaría estudiar si siempre lo decidieron todo por nosotros?
En nuestra vida diaria estamos llenos de mensajes en los que la aprobación del otro es vital para nosotros: “si no fuera por ti…”, “no sabría vivir sin ti”…
Es muy importante saber que digas lo que digas, pienses lo que pienses, hagas lo que hagas, siempre habrá alguien que no esté de acuerdo contigo. ¡Y no debemos considerar eso un rechazo! Sino una opinión diferente. Y lo más irónico de todo esto es que la gente que más aprobación consigue en su vida es precisamente la que no busca aprobación, la no susceptible, la que piensa que la forma de decir las cosas es menos importante que la honestidad. Curioso, ¿no?
No deberíamos fomentar los comportamientos dependientes ni la necesidad de aprobación en los niños porque este comportamiento se repetirá en la edad adulta buscando la aprobación de todas aquellas personas que les rodeen. No hay que perder de vista que La felicidad es, en parte, la ausencia de la búsqueda de aprobación como necesidad.