lunes, 4 de marzo de 2013

Lacomba y yo

Cuenta la leyenda que existe un hilo rojo que une a todas las personas que algún día estarán juntas, a pesar del tiempo, a pesar de las circunstancias. Dicen que el hilo se puede enredar, se puede tensar, pero que jamás se puede romper.  
Y así fue como el día 30 de octubre de 2008, mientras buscaba ilustrador para arrancar mi proyecto de los cuentos, encontré un mensaje en una web online que decía: “me encantaría ilustrar un cuento infantil”. No ponía nada más. El nombre, la ubicación, la forma de dibujar de aquella persona era totalmente desconocida. No había mail ni ningún dato de contacto así que decidí darle a “responder a este anuncio” comentándole que había leído su mensaje en una noticia y que quería contactar. Ese mismo día recibí el siguiente mensaje: “Estimada Silvia, dime de q trata y te hago llegar algún dibujo para q lo valores, te agradezco tu respuesta. Un saludo”. Al día siguiente, ilusionada porque estaba un tanto colapsada de navegar y navegar a la búsqueda de alguien que pudiera entender, comprender e ilusionarse con mi proyecto, le escribí. Le conté brevemente que quería ver alguno de sus dibujos, que el proyecto trataba de una adopción internacional y que buscaba a alguien que fuera capaz de transmitir lo que yo quería expresas con mis palabras. Buscaba a alguien con una sensibilidad especial, alguien capaz de meterse en la piel de un menor adoptado, alguien que fuera capaz de transmitir con imágenes lo que yo no era capaz de expresar con palabras.
No le mandé el texto, pero sí le expliqué qué buscaba. Quizás necesitaba más a alguien que me acompañara en el proyecto y se emocionara con él que a una persona que supiera dibujar. Lo que jamás imaginé era lo que el destino me tenía reservado.  

Apenas unas horas después de aquel 31 de octubre de 2008, 11 meses antes de que Esperándote viera la luz, recibí un mensaje que me hizo saltar las lágrimas. El mensaje empezaba así:  No sabes lo feliz que me haces con tu proyecto, ¿sabes que yo soy adoptada? me entere con 23 años y resultó que provenía de una familia italiana. Hoy día las dos familias se conocen” Junto a otro mensaje, minutos después, me llegaba la siguiente imagen:
Sobran las palabras, ¿verdad? Porque yo veo China en esta imagen. Yo todavía no había sido capaz de contarle nada sobre mí. No le había hablado de mi blog, no sabía absolutamente nada de mi adopción internacional en China. Recibir esta imagen tras las anteriores palabras hicieron que supiera que sería ella, Maria José Lacomba, quien debía ilustrar el cuento. ¡NO podía haber tanta casualidad! Supe posteriormente que ella vivía en el lugar de origen de mi padre y que yo vivía en el lugar que la vio nacer. Casualidad o destino, no lo sé… pero así fue como esta historia comenzó.  
Desde aquel momento hemos compartido muchísimas cosas; ella me ha acompañado en mi trayecto hasta hoy en vano hacia la maternidad adoptante y yo la acompañé en un momento durísimo de su vida. Ella no sólo fue adoptada, sino que además tuvo que enfrentarse a otro abandono muy duro en su existencia. Madre de cuatro preciosas criaturas ha tirado hacia delante como ninguna persona de las que hasta hoy conozco. ¡Y no sólo eso! Sino que además ha tenido la fortaleza de hacerlo sola, sin ninguna ayuda profesional. Es una MAMÁ con todas las letras de la palabra, una persona GRANDE donde las haya. Una luchadora incansable, inteligente y muy pero que muy especial.  
Juntas creamos los tres cuentos. Esperándote llegó 11 meses después de conocernos. ¿Por qué no estuve en la barriga de mamá? Es la pregunta que ella, como adoptada, nunca se hizo. “Cuando descubres que eres adoptada con 23 años ya no te preguntas estas cosas –me dice”. Tiku y su adopción llegó el último, no estaba previsto, pero era mi pequeño homenaje hacia ella. Ya conté un día que cuando Maria José era pequeña y desconocía su origen, soñó que su mamá era una canguro que no tenía bolsa marsupial y que para poder llevarla consigo se cosía una bolsa en la tripa. A partir de esta historia creamos a Tiku que, a día de hoy, remueve sentimientos entre los más pequeños.  
Hace unos meses me regaló quizás uno de los regalos más preciados que me han hecho en la vida; ser la madrina de su recién llegada hija. Yo sé lo que para ella significa este hecho, pero yo jamás pensé que tan preciado regalo me fuera ofrecido a mí. La pequeña Giulietta llegó el pasado día 16 de febrero a las 23.30 horas y es uno de los bebés más bonitos que he visto en mi vida. El pasado día 1 de marzo la tuve en brazos por primera vez y debo confesar que la sensación fue indescriptible… uno de esos momentos en los que no existen palabras para expresar los sentimientos que se generan dentro de ti.  
Ha sido un fin de semana muy especial. Sin duda alguna. El destino, a veces caprichoso, me sigue sorprendiendo. Anoche, ya en la cama, pensaba “quizás nunca llegue a saber lo que es ser madre, pero habré conocido a tantas personas especiales en el camino que nunca podré decir que no ha merecido la pena intentarlo”.

6 comentarios:

Chiquita adorada dijo...

Qué hermosa relación la de ustedes!! No cabe duda que en este camino has conocido gente muy especial.
Te mando un abrazo grande!!

María J. dijo...

Qué bonita historia Silvia, es que con el destino nunca se sabe..... lo que si es cierto que debemos seguirlo y aceptarlo para poder disfrutar de momentos tan especiales como el que acabas de vivir.

Felicidades madrina!!!
Un beso,
María J.

Maria José Lacomba Espadafor dijo...

De nuevo chapó hermana, me pones el vello de punta con tus palabras, con tus emociones y con tu sensibilidad. Me queda mucho que aprender de tí, y por supuesto gracias por esa imagen de superwoman que me das, no es para tanto, pero la autoestima me la has puesto por las nubes.Besos de Giulietta!!!

Eva y su peque bichito dijo...

Silvia tu camino está siendo muy largo y agotador y seguramente, cuando tenga su final..un precioso final, le verás el sentido. De momento se va llenando de gente que alumbra de una forma u otra tu, a veces, oscuro camino. Esas personas formará parte de la vida de tu hijo y todo este trasiego de cosas habrán merecido muchísimo la pena.

Ana dijo...

Intentarlo siempre merece la pena, además tarde o temprano lo conseguirás, recuerda que hay que tocar todas las puertas porque no sabemos cuál estará abierta y si nos quedamos sin puertas empezamos con las ventanas. un abrazo

Anónimo dijo...

se donde trabaja maria jose lacomba tiene 4 hijos y es profesora en la sagrada familia joaco jct