martes, 5 de enero de 2010

Los Reyes Magos son de Verdad


¿Papá Noel o los Reyes Magos? Cada uno tiene su opinión, totalmente respetable. ¿Tradición o funcionalidad? ¿Somos católigos? Yo creo que, ante todo, debería ser una cuestión de sentido común.

Mi opinión personal se basa en que la Navidad es una época para los niños y considero que Papá Noel debería ser el "portador" de  ilusiones durante los primeros años de vida de los peques. ¿Por qué? Pues sencillamente por funcionalidad y sentido común. Para mí, lo principal, es que los niños disfruten de las Navidades jugando y que lleguen los Reyes Magos un día antes de volver al cole cargados de juguetes, pues como que me parece poco apropiado. Sin embargo, una vez que son "adultos", que saben la "verdad", pues cada cual debería seguir la tradicción que más le guste. Los hay defensores a ultranza de los Reyes, "super católicos" como yo les llamo; defensores de una tradición que a ellos les gusta, pero que a sus hijos les deja sin juguetes toda la Navidad. Los hay incondicionales de Papá Noel, cuyos hijos no saben los nombres de los Reyes Magos. Sea como fuere, cada cual con sus creencias, yo creo que los adultos estamos aquí para poner un poco de sentido común a la Magia de la Navidad.

Ahora que mi sobrina empieza a mirar con lupa y a "hacer radiografías" al Papá Noel que llamó a la puerta el pasado día 24 de diciembre (puesto que sus amiguitos ya le cuentan la "cruel realidad") recupero un cuento que me encanta y que espero poder contarle algún día.
El cuento se llama, LOS REYES MAGOS SON DE VERDAD.

Apenas su padre se había sentado, al llegar a casa, dispuesto a escuchar, como todos los días, lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, ésta en voz baja, como con miedo, le dijo:

- ¿Papa?
- Sí, hija, cuéntame.
- Oye, quiero… que me digas la verdad.
- Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido-.
- Es que… -titubeó Cristina-.
- Dime, hija, dime.
- Papá, ¿existen los Reyes Magos?
El padre de Cristina se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
- Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Cristina le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:
- ¿Y tú qué crees, hija?
- Yo no sé, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso...
- Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero…
- ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me habéis engañado!
- No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen -respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Cristina-.
- Entonces no lo entiendo, papá.
- Siéntate, cariño, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.
Cristina se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:

Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarlo. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
- ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo. Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito…
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:
- Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes, no existen tantos.
- No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
- ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes con cara de sorpresa y admiración-.
- Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios.
- Sí, claro, eso es fundamental – asintieron los tres Reyes-.
- Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres-.
- Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?
Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
- Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, Yo ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.

Cuando el padre de Cristina hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
- Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado. Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano, mientras decía:
- No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero. Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.

Feliz noche de Reyes

3 comentarios:

Idaira y Tariku dijo...

Preciosa la historia, yo conocia una muy parecida pero esta me gusta más, ya se que contarle a TAriku cuando pregunte allá para dentro de unos 4 o 5 años. Felices Reyes. Mi deseo para este día es que al magia de la Navidad no se acabe nunca.

Arizana dijo...

Pero Silvia, no puedo creer que a estas alturas alguien defienda a Papa Noel diciendo que con los Reyes no hay tiempo de jugar con las cosas... pero si tienen todo el año por delante!!!, vamos, vamos, y decir que se pasan las Navidades sin juguetes... ¿conoces a algún niño/a de tu entorno que pase las Navidades sin juguetes??, precisamente cosas son lo que les sobra a todos nuestros niños/as... Así que Arriba los Reyes Magos!!!!

Miguel Ángel dijo...

Estoy de acuerdo con Arizana. La justificación de que con papá noel tienen más tiempo para jugar ...

Además hay que pensar que donde existe tradición de papá noel y se dan regalos en navidad no tienen fiestas hasta el 7 de enero.

Es muy bueno coger una tradición de otro país pero usarla con las fiestas del nuestro.

Los niños de los países donde se dan regalos en navidad tienen también poco tiempo para disfrutar de los juguetes.

No se trata de ser católico o no, simplemente de tradición.

Como dice Arizana, tienen todo el año para jugar.

Un saludo.